lunes, 26 de enero de 2015

El huevo saltarín

En el experimento que os enseño hoy, toca tener un poco de paciencia, que hay que esperar el resultado un par de días. Se trata de convertir un huevo normal en un huevo que ha perdido la cascara, es blandito y rebota. Y la verdad, un poco asquerosillo, aunque a mis hijos les encantó la idea.

Consiste en coger un huevo y sumergirlo completamente en un bote o tupper con vinagre durante 48 horas. Antes de introducirlo recordamos las características del huevo: tiene una cascara dura pero a la vez frágil porque si la golpeo se rompe.



A los pocos minutos de haberlo dejado en vinagre, veremos como comienzan a rodearle miles de burbujitas y la cascara empieza a desaparecer.


A las 48 horas la cascara habrá desaparecido por completo, dejando sólo una membrana que contiene la clara y yema del huevo en su interior. Es el momento de sacar el huevo, lavarlo bajo el grifo para quitarle los restos que pueda tener y observar los cambios que ha sufrido: ahora el huevo es mas grande (ha absorbido parte del vinagre por lo que ha crecido), ha cambiado su rígida cascara por una membrana, es blando y ahora puede hacer pequeños rebotes ¡ojo no desde mucha altura ni con mucha fuerza que explotará!... 

Se me olvidó hacer foto comparativa entre un huevo normal y el del experimento, así que os toca hacerlo para comprobarlo.

Después de haber comprobado las diferencias, rompimos con la punta de un cuchillo la membrana que lo cubría, para ver cómo era. Así, vimos que el interior tenía el mismo aspecto que un huevo normal.


Y por último, aprovechamos a enseñarles cómo se podía separar la yema de la clara con una botella de plástico. Sólo debes hacer el vacío sobre la yema y una vez la tengas dentro de la botella podrás soltarla en cualquier sitio.




¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado y que me escribáis y comentéis los resultados!

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